Compras y contratación

Póliza de mantenimiento HVAC: qué debe incluir y qué suele excluir

16 min de lectura · Actualizada 18.07.2026 · Con fuentes oficiales

En esta guía11 secciones
  1. «Preventivo» no significa nada por sí solo
  2. Frecuencia: la cláusula que más dinero mueve
  3. El anexo técnico con valores medidos: lo que hace exigible una póliza HVAC
  4. Lo que casi siempre queda fuera
  5. Preventivo dentro de la póliza, correctivo fuera
  6. Tiempos de respuesta y disponibilidad
  7. El refrigerante retirado: la cláusula que casi nadie incluye
  8. La bitácora por equipo: el entregable que realmente importa
  9. Personal, seguros y responsabilidades
  10. Vigencia, renovación y salida
  11. Siguiente paso

Una póliza de mantenimiento HVAC es de esos contratos que casi nadie lee con calma, porque parecen estandarizados y porque el monto individual no asusta. Después, cuando el equipo falla en la semana de mayor calor y resulta que la refacción no estaba incluida, que el tiempo de respuesta nunca se pactó y que no hay historial del equipo, se descubre que el contrato sí importaba.

Esta guía desarma esa póliza pieza por pieza: qué debe decir, qué suele quedar fuera sin que se note y qué documentación tiene que producir para que te sirva frente a un tercero. No sustituye la revisión legal del contrato concreto que te pongan enfrente; es la lista de lo que hay que buscar antes de firmarlo.

El plan técnico de fondo —qué se revisa en cada tipo de equipo y con qué lógica— está en la guía de mantenimiento de aire acondicionado industrial y comercial. Aquí nos ocupamos del papel.

«Preventivo» no significa nada por sí solo

El primer problema de casi todas las pólizas es que definen el servicio con una palabra en lugar de con una lista. «Mantenimiento preventivo trimestral, $2,700 por equipo» es una frase que puede significar dos horas de trabajo serio o veinte minutos de soplar filtros, y ambas cumplen literalmente el contrato.

El alcance debe venir tarea por tarea, y debe ser específico por tipo de equipo. Un anexo técnico de una página resuelve el noventa por ciento de las discusiones futuras. Lo que como mínimo debe aparecer:

  • Limpieza de filtros y de serpentines de evaporador y condensador, con indicación de si es lavado químico o mecánico.
  • Revisión y desazolve del drenaje de condensados, incluida la charola.
  • Lectura y registro de presiones de operación de alta y baja, contra el rango del fabricante para la temperatura ambiente del día.
  • Medición de amperajes de compresor y motores, contra los datos de placa.
  • Revisión y ajuste de conexiones eléctricas, contactores y protecciones.
  • Verificación de la carga de refrigerante mediante subenfriamiento y recalentamiento, no «a ojo» por presión.
  • Revisión de bandas, poleas y rodamientos en equipos que los tengan.
  • Prueba funcional de controles, termostatos y secuencias de arranque y paro.
  • Registro fotográfico de antes y después en los puntos donde aplique.

Frecuencia: la cláusula que más dinero mueve

La frecuencia define tanto el gasto anual como el nivel de protección real. La práctica recomendada distingue el contrato anual en vivienda del servicio cada tres o cuatro meses en oficinas y locales con alta circulación de personas o con polvo en el ambiente. Trasladar el esquema de vivienda a un local comercial es el ahorro que más caro sale.

Además de la frecuencia base, el contrato debe resolver tres cosas que casi siempre quedan en el aire: en qué meses concretos caen las visitas, con calendario anual entregado por adelantado; qué pasa si el proveedor no se presenta en la fecha programada —lo razonable es reprogramación dentro de los quince días naturales siguientes, sin costo y sin que la visita se pierda—; y si las visitas no realizadas se acumulan o caducan. Sin esas tres respuestas, una póliza de cuatro visitas termina siendo de dos. La anatomía genérica de plazo, renovación y salida es común a cualquier contrato de mantenimiento de instalaciones y está tratada, para el otro gran sistema del edificio, en las cláusulas del contrato de mantenimiento de elevadores; aquí conviene concentrarse en lo que solo pasa con equipos de clima.

El anexo técnico con valores medidos: lo que hace exigible una póliza HVAC

La diferencia entre una póliza de clima que sirve y una que no cabe en una idea: el entregable no es una firma de conformidad, es un conjunto de números. Un equipo de aire acondicionado se degrada de forma silenciosa y medible mucho antes de fallar, y ese deterioro solo se ve comparando lecturas de una visita contra las anteriores. Por eso el anexo técnico debe fijar, parámetro por parámetro, qué se mide, cómo se registra y contra qué se compara.

Parámetro que debe registrarseCómo se anota en la bitácoraContra qué se compara
Presión de succión y de descargaValor en psi, con la temperatura ambiente y la hora de la lecturaRango del fabricante para esa temperatura ambiente, no un número absoluto
Subenfriamiento y recalentamientoAmbos valores en grados, calculados y anotados, no «carga correcta»Especificación del fabricante. Es la única forma válida de verificar la carga de refrigerante
Amperaje de compresor y motoresLectura por fase, con el equipo en régimenDatos de placa. Una deriva sostenida al alza anticipa la falla del compresor
Delta de temperatura entre retorno y suministroAmbas temperaturas y su diferenciaRango esperado por tipo de equipo. Un delta que cae señala serpentín sucio o carga baja
Estado de filtros y serpentinesFotografía de antes y después, con fecha visibleLa visita anterior. Es lo que permite discutir si la frecuencia pactada alcanza
Refrigerante recuperado o añadidoTipo y kilogramos, ligados al número de equipoEl manifiesto del retiro, cuyas cantidades deben coincidir

Regla para revisar un anexo técnico: si una tarea no puede evidenciarse con un número o una foto, no es una tarea, es una declaración. «Se revisó el sistema» no es evidenciable; «succión 68 psi, descarga 245 psi, amperaje de compresor 12.4 A» sí lo es. Pide que el anexo se firme y que la bitácora reproduzca sus filas: una póliza cuyo alcance dice «conforme a las mejores prácticas» es un contrato sin objeto verificable.

Lo que casi siempre queda fuera

Las exclusiones son donde se define el costo real del contrato, y donde una propuesta barata deja de serlo. Estas son las que aparecen con más frecuencia y que conviene identificar antes de comparar precios:

  • Refacciones de cualquier tipo: capacitores, contactores, bandas, filtros de reposición, tarjetas de control. Pide lista de precios unitarios anexa al contrato.
  • Carga de refrigerante y reparación de fugas. Suelen ser dos conceptos separados y ambos se cobran aparte incluso en pólizas «todo incluido».
  • Trabajos en altura con equipo especial, andamios, plataformas o maniobras de izaje. Es la exclusión que más disputas genera en equipos de azotea.
  • Limpieza profunda de ductería y balanceo de aire, que suele venderse como servicio independiente.
  • Reparaciones derivadas de mal uso, falla eléctrica externa, sobrecarga o eventos climatológicos.
  • Disposición del refrigerante retirado, cuando no se pactó expresamente. Es la exclusión con consecuencias legales, no sólo económicas.
  • Atención fuera de horario hábil, en fines de semana o días festivos, normalmente con tarifa diferenciada.

Ninguna de estas exclusiones es abusiva por sí misma; casi todas son razonables. El problema no es que existan, es que aparecen en letra chica mientras el precio se presenta como si el contrato cubriera todo. Un proveedor formal las pone al frente y explica cómo se cotizan; uno que las esconde ya te dijo cómo va a ser la relación.

Preventivo dentro de la póliza, correctivo fuera

La distinción entre preventivo y correctivo no es semántica: es la frontera económica del contrato. Lo preventivo es lo programado y de alcance conocido, y por eso se puede vender a precio fijo. Lo correctivo es lo imprevisto, y por eso se factura por evento. La razón de fondo por la que conviene cargar el peso en el preventivo está en la comparación entre mantenimiento preventivo y correctivo.

Lo que sí debe estar en la póliza aunque el correctivo se cobre aparte: la tarifa de mano de obra por hora, el criterio de cobro de traslado, el margen aplicado sobre refacciones y el compromiso de diagnóstico previo por escrito antes de ejecutar. Sin esas cuatro cosas, cada correctivo es una negociación desde cero en el peor momento posible, que es cuando ya tienes el equipo parado.

Un mecanismo que funciona bien y que pocos compradores piden: un tope de autorización automática. Por debajo de cierto monto el proveedor puede reparar y facturar sin esperar orden de compra; por encima requiere autorización escrita. Acelera lo pequeño y te protege de lo grande.

Tiempos de respuesta y disponibilidad

«Atención inmediata» no es un compromiso, es una frase de venta. Un tiempo de respuesta útil se mide en horas, distingue entre tipos de equipo y define qué cuenta como inicio del conteo: el reporte por escrito, no la llamada perdida.

La forma práctica de estructurarlo es clasificar tus equipos en el propio contrato, en un anexo con número de equipo y nivel asignado. No todos merecen el mismo compromiso ni tiene sentido pagar por ello, y la clasificación no la debe proponer el proveedor: la propone quien conoce lo que cuesta el paro. El criterio no es el tonelaje ni el precio del equipo, es qué se detiene cuando ese equipo se detiene.

NivelQué se detiene si el equipo fallaEjemplos típicosCompromiso razonable
CríticoSe pierde producto o se cae un servicio: el costo por hora es medibleCuarto de servidores, cámara de conservación, área de proceso, quirófanoRespuesta en sitio dentro de 4 horas hábiles, con contacto de escalamiento nombrado y equipo de respaldo o renta contemplada en el contrato
SensibleSe degrada la experiencia del cliente o del paciente, con pérdida comercial difusaPiso de ventas, recepción, consultorio, comedor, aulaRespuesta dentro de 24 horas hábiles
OrdinarioMolestia interna, sin pérdida directaOficina interior, bodega, áreas de apoyoRespuesta dentro de 72 horas hábiles

Los dos errores frecuentes son opuestos. Uno es declarar crítico todo el inventario, que encarece la póliza y en la práctica vuelve el compromiso incumplible, así que nadie lo exige. El otro es no clasificar nada y descubrir en agosto que la cámara de conservación tiene el mismo tratamiento que la bodega. Una regla razonable: si más de un quinto de tus equipos quedó marcado como crítico, revisa el criterio.

Y define la consecuencia. Un tiempo de respuesta sin consecuencia por incumplimiento es una expectativa, no una obligación. No hace falta una penalización agresiva: basta con que el incumplimiento reiterado sea causal de terminación anticipada sin penalización para ti. Para el equipo crítico conviene además pactar por adelantado la alternativa —quién paga la renta de un equipo temporal y en cuánto tiempo llega—, porque negociar eso con la cámara ya sin frío no es una negociación.

El refrigerante retirado: la cláusula que casi nadie incluye

Cuando una intervención implica abrir el circuito, el refrigerante recuperado sale contaminado y se convierte en residuo peligroso. La responsabilidad de su manejo hasta la disposición final recae en el generador, es decir en la empresa en cuyo inmueble y por cuya actividad se produjo. No en el técnico que lo cargó al camión.

Por eso el contrato debe obligar al proveedor a entregarte el manifiesto de entrega, transporte y recepción, con el número de autorización de la empresa receptora ante la SEMARNAT, en un plazo definido después de cada retiro. El desarrollo completo del marco, del padrón público donde se verifica ese número y de las cláusulas concretas está en refrigerante recuperado y manifiesto de residuo peligroso.

Es la cláusula de mayor rendimiento de toda la póliza: cuesta cero negociarla con un proveedor formal y es imposible de resolver retroactivamente, porque el manifiesto se emite en el momento del retiro y no después.

La bitácora por equipo: el entregable que realmente importa

Si sólo pudieras exigir una cosa del contrato, exige la bitácora. Es el registro por equipo, con número de identificación, de cada intervención: fecha, técnico responsable, tareas ejecutadas, valores medidos, hallazgos, refacciones sustituidas y recomendaciones. No es el reporte de visita general del sitio; es por equipo.

Sirve para tres cosas muy concretas. Primero, para discutir una reparación repetida: sin historial no puedes demostrar que es la tercera vez que falla lo mismo. Segundo, para decidir con datos cuándo reparar y cuándo reemplazar. Tercero, y es el que más pesa cuando llega el momento, para sostener tu posición frente a un tercero que audita.

Sobre el tercer uso conviene ser breve y exacto: el argumento de que no dar mantenimiento «te deja sin seguro» está mal planteado, y el mecanismo real —que exige vínculo causal entre la omisión y el siniestro, y que pone esa prueba del lado de la aseguradora— está desarrollado en cumplir la norma y cobrar el seguro. Para efectos de esta póliza basta con la consecuencia práctica: en un ajuste por daño de equipo de clima, lo que acorta meses de discusión son las lecturas de las visitas previas, no la carátula del contrato.

Lo que un ajustador o un auditor pide de un servicio HVAC es concreto y no se improvisa: número de equipo, fecha y hora, técnico identificado, los valores medidos de esa visita, los hallazgos y las refacciones sustituidas con marca y fecha. Exígelo en formato consultable o editable —no sólo un PDF con sello— y consérvalo aunque cambies de proveedor: el historial pertenece a tu equipo, no a quien lo atendió.

Personal, seguros y responsabilidades

Un contrato de mantenimiento implica personal ajeno trabajando de forma recurrente en tus instalaciones, muchas veces en azoteas y con riesgo eléctrico. Eso arrastra obligaciones que no son de clima sino laborales y de seguros, y que conviene resolver en el mismo documento.

  • Registro REPSE vigente del proveedor cuando el servicio implique personal recurrente en tu sitio, con obligación de notificarte cualquier cambio en su estatus durante la vigencia del contrato.
  • Póliza de responsabilidad civil de la empresa, con suma asegurada declarada y vigencia que cubra todo el periodo contratado. Es la póliza del proveedor y cubre daños que él cause; no sustituye la tuya.
  • Constancia de afiliación al IMSS del personal asignado y evidencia de capacitación en trabajos en altura y riesgo eléctrico cuando aplique.
  • Identificación del técnico asignado y sus certificaciones, verificables por tu parte, como se explica en certificación del técnico de refrigeración.
  • Designación de un contacto único de cada lado, con correo y teléfono, y procedimiento de escalamiento por escrito.

El REPSE es el único de esa lista que constituye una obligación legal directamente verificable en un padrón público, y su ausencia te afecta a ti como contratante, no sólo al proveedor. El procedimiento de verificación está en cómo verificar el REPSE de un proveedor. Si el sistema además incluye recipientes sujetos a presión o generadores de vapor, aparece un entregable adicional que no forma parte del mantenimiento: el dictamen de una unidad de inspección, cuya verificación se explica en cómo verificar una unidad de inspección acreditada.

Vigencia, renovación y salida

Tres cláusulas cierran el contrato y las tres se firman sin leer: plazo cierto en lugar de renovación automática indefinida —un año con renovación expresa es lo razonable—, mecanismo de ajuste de precio con índice nombrado y tope si el contrato es multianual, y terminación anticipada sin penalización por incumplimiento reiterado de calendario o de tiempos de respuesta.

Lo específico de una póliza de clima es la salida técnica, y es lo que siempre se olvida. Al término de la relación exige tres entregas concretas: el historial completo de bitácoras por número de equipo, en formato consultable; los manifiestos de todos los retiros de refrigerante del periodo, cerrados; y, cuando el sistema tiene control centralizado o termostatos programables gestionados por el proveedor, las claves de acceso y los parámetros de configuración vigentes. Un contrato de clima que termina sin esas tres cosas te deja con equipos que funcionan y sin memoria de cómo llegaron a estar así, y el proveedor entrante te cobrará su propio levantamiento para reconstruirla.

Siguiente paso

Saca el contrato de mantenimiento que tienes vigente y búscale cuatro cosas: el anexo técnico tarea por tarea, la lista de exclusiones, el tiempo de respuesta comprometido y la cláusula del refrigerante retirado. Si falta más de una, tienes una póliza que en la práctica no te obliga a nadie. Para renegociarlo con referencias de precio, está la guía de precios de mantenimiento y cómo licitarlo; para ordenar los documentos que vas a exigir, el checklist de verificación de proveedores. Si vas a cambiar de proveedor, solicita cotización y compara sobre el mismo anexo técnico, o parte del directorio de aire acondicionado y del directorio general de servicios.

¿Qué debe incluir como mínimo una póliza de mantenimiento de aire acondicionado?

Alcance tarea por tarea en un anexo técnico, frecuencia con calendario y regla de reprogramación, lista explícita de exclusiones con precios unitarios de refacciones comunes, tiempo de respuesta para correctivos diferenciado por criticidad del equipo, obligación de entregar el manifiesto del refrigerante retirado y bitácora por equipo con valores medidos.

¿Las refacciones están incluidas en una póliza de mantenimiento?

Prácticamente nunca, aunque se venda como «todo incluido». Lo razonable no es exigir que se incluyan, sino que se anexe una lista de precios unitarios de refacciones comunes con vigencia de doce meses y que se requiera tu autorización escrita antes de cualquier sustitución por encima de un monto pactado.

¿Qué tiempo de respuesta debo exigir para un correctivo?

Depende de la criticidad del equipo, y por eso conviene clasificarlos en el propio contrato. Un rango razonable es cuatro horas hábiles para equipo crítico, veinticuatro para equipo sensible y setenta y dos para el resto. Define también qué inicia el conteo y qué consecuencia tiene el incumplimiento reiterado.

¿Quién es responsable del refrigerante que retira el técnico?

Tu empresa, como generadora del residuo. La responsabilidad del manejo hasta la disposición final recae en el generador, no en quien ejecuta la maniobra. Por eso el contrato debe obligar al proveedor a entregarte el manifiesto de entrega, transporte y recepción con el número de autorización de la empresa receptora.

¿Qué valores debe registrar el técnico en cada visita?

Como mínimo: presiones de succión y descarga con la temperatura ambiente del momento, subenfriamiento y recalentamiento en grados, amperajes por fase de compresor y motores contra datos de placa, y el delta de temperatura entre retorno y suministro. Todos ligados al número de equipo. Sin esas lecturas no hay forma de saber si el equipo se está degradando entre una visita y la siguiente.

¿Sirven las facturas como evidencia de mantenimiento?

No son suficientes por sí solas: acreditan el pago, no lo que se hizo ni lo que se encontró. Lo que pide un auditor o un ajustador es el registro por equipo con fecha, técnico responsable, valores medidos y hallazgos. Exígelo desde el contrato y consérvalo aunque cambies de proveedor.

¿Conviene una póliza multianual?

Puede convenir por precio, pero sólo con dos protecciones escritas: mecanismo de ajuste anual con índice nombrado y tope, y causal de terminación anticipada sin penalización por incumplimiento reiterado de calendario o de tiempos de respuesta. Sin ellas, el plazo largo trabaja en tu contra.

Equipo editorial de ContrataBien

Guías revisadas contra fuentes oficiales (STPS, SAT, IMSS, DOF) y actualizadas al cambiar la normativa. Los rangos de costos son referencias aproximadas del mercado, no cotizaciones.

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